Según el análisis de CILA, el mercado panregional está una fase de adaptación y evolución. Esta nueva realidad surge tras los cambios que provocó la pandemia del COVID-19 y de su histórico impacto en los patrones de consumo que afectan a subregiones como la centroamericana.

Pedro Ramírez, miembro del Consejo Directivo del CILA, sostiene que la nueva oferta inmobiliaria centroamericana es moldeada por tendencias y necesidades del mercado.

“Los desarrollos residenciales, se están centrando en la construcción de comunidades planificadas y equipadas que ofrezcan una gama completa de servicios y comodidades para sus residentes. Hay una tendencia hacia la construcción de viviendas que incorporen tecnología inteligente y características sostenibles, como paneles solares, sistemas de reciclaje de agua y diseño pasivo”, dijo.

Se estima que en 2024 habrá un panorama enérgico en el ámbito de las propiedades, mostrando transformaciones en la percepción de las viviendas y espacios laborales, así como una llamada a la inversión inteligente.

Enfoque en sostenibilidad: El reconocimiento del cambio climático impulsará una inclinación hacia propiedades que promuevan energías renovables, prácticas de conservación y materiales ecoamigables, determinando las elecciones de compra, esto permite que los promotores inmobiliarios diseñen viviendas con certificados verdes y propuestas energéticas vanguardistas para satisfacer esta creciente necesidad y capitalizar las oportunidades.

Evolución digital: Desde plataformas digitales hasta recorridos virtuales, la digitalización transformará el panorama inmobiliario, haciendo que estas herramientas sean esenciales en las transacciones de compra o renta, optimizando la experiencia del usuario. Los profesionales y entidades del sector que adopten estas innovaciones estarán más capacitados para superar los retos futuros.

Auge de activos tangibles: En un clima económico volátil, el ámbito inmobiliario se presenta como una inversión confiable, ya que los capitalistas buscan bienes físicos que brinden estabilidad y equilibrio, asegurando rendimientos constantes en sus portafolios financieros.

Desafío de viviendas para empleados: Hay países de la región donde existen empresas con alrededor de 14.000 empleados que invierten cerca de US$9 millones en traslados debido a la falta de vivienda en la región. Esto resalta la necesidad de considerar opciones inmobiliarias para este sector laboral.

Propiedades de lujo: Un sector en ascenso para inversores foráneos es el mercado de viviendas de alta gama, que ha encontrado un impulso en el nearshoring y el sector turístico.

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo (OMT), entre enero y julio de este año, algunos países de la región han recibido más de 700 millones de turistas internacionales, interesados en propiedades que fusionen la comodidad de un resort con la exclusividad de una residencia.

Ramírez también considera que dentro de las diversas tendencias una de las más relevantes para la región centroamericana es la sostenibilidad en el desarrollo inmobiliario.

“Hay varias razones por las cuales esta tendencia es especialmente relevante”, advierte y destaca el impacto ambiental y la resiliencia frente al cambio climático.

Impacto ambiental: Centroamérica es conocida por su riqueza natural, pero también enfrenta desafíos ambientales, como la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo. Adoptar prácticas de construcción sostenible ayudará a mitigar estos impactos y promover un desarrollo más equilibrado.

Resiliencia frente al cambio climático: Centroamérica es vulnerable a fenómenos naturales como huracanes, tormentas tropicales e inundaciones. Incorporar elementos de diseño resiliente y construcción de infraestructuras sostenibles ayuda a reducir los riesgos y los daños asociados con estos eventos climáticos extremos. Ramírez destaca también que hay una creciente tendencia de nearshoring, empresas multinacionales que buscan operar en países cercanos a la economía más grande del mundo.

“Centroamérica con una posición geográfica privilegiada, con la cercanía a los Estados Unidos, México y Canadá, representa una oportunidad grande, para el desarrollo de centros de logística, zonas francas, y canales logísticos, que puedan comunicar el Océano Pacífico con el Océano Atlántico, en pocas horas”, valoró.

El nearshoring, agregó, es una tendencia que se espera persista en el futuro, ya que las empresas buscan diversificar sus cadenas de suministro y reducir la dependencia de ubicaciones más alejadas. Otra área de potencial: el de turistas y compradores de vivienda de retiro.

El especialista sostuvo que el turismo sigue siendo una fuerza impulsora importante en la región, con turistas interesados en destinos populares como playas, selvas y sitios históricos.

“Esto puede llevar a una demanda de propiedades de inversión, como condominios en la playa o casas de vacaciones, tanto para uso personal como para alquiler a corto plazo. El interés de los inversores extranjeros en bienes raíces en la región ha ido en aumento, especialmente en áreas relacionadas con el turismo, como desarrollos de segunda vivienda, hoteles y propiedades para alquiler vacacional. Además, la estabilidad política y económica de la región, junto con incentivos fiscales y programas de residencia, pueden atraer inversiones inmobiliarias”, finalizó.

Fuente: Revista Estrategia & Negocios