La historia cuenta que en 2007, en San Francisco (California), un congreso internacional llenaba los hoteles de la ciudad. La gente que buscaba habitaciones no encontraba espacio. Los estudiantes Brian Chesky, Nathan Blecharczyk y Joe Gebbia, que atravesaban una crisis financiera en ese momento, vieron en ello una gran oportunidad. Es así que decidieron ofrecer colchones hinchables en alquiler en su sala de visitas, bajo el nombre de AirBed and Breakfast. La idea tuvo éxito y dio lugar a la startup que se convirtió en uno de los mayores unicornios de la historia, Airbnb.

Unicornio es el nombre que reciben las startups (empresas jóvenes con base tecnológica y actividad escalable) que alcanzan un valor de mercado superior a los mil millones de dólares. La empresa en cuestión se valoró en 38,000 millones de dólares en 2018. Entre sus principales inversores se encuentran grandes bancos, empresas financieras, de capital riesgo y capital privado. Airbnb no tiene ni una sola propiedad de alquiler en su cartera. Sin embargo, en la actualidad es la mayor empresa de alquiler de propiedades residenciales del mundo, limitada, eso sí, a los alquileres a corto plazo, conocidos como estancias cortas.

 

Con su explosivo crecimiento, la empresa ha llegado a considerarse una amenaza para el sector hotelero. Ofrece alojamiento directo entre propietarios y huéspedes, a precios que compiten con los de los hoteles estándar. Del mismo modo, los agentes inmobiliarios que, en virtud de la Ley 8.245/1991, ofrecen alquileres de temporada, se sintieron amenazados. Las propiedades que antes había que buscar con la ayuda de agentes inmobiliarios o incluso por Internet, ahora se pueden encontrar con un solo clic en una única plataforma informática, sin burocracia alguna.

 

Sin embargo, en contra de lo que podría imaginarse, Airbnb no nació para competir con hoteles o agencias inmobiliarias. Su nacimiento fue fruto de la percepción visionaria de alguien que ve una solución donde la mayoría sólo ve problemas. Una investigación realizada por Morgan Global Insights demostró que la mayoría de los clientes de Airbnb buscan un alojamiento más barato que los hoteles, quieren individualidad y cocina propia, así como opciones de ubicación. Sin embargo, es innegable que este público solía acudir a agentes inmobiliarios, que han ido perdiéndolos progresivamente.

 

Muchos propietarios se dieron cuenta de que alquilar habitaciones o propiedades enteras a través de la nueva empresa podía ser más rentable y menos burocrático que los alquileres convencionales. La novedad generó un fenómeno en ciudades turísticas de todo el mundo. Disminuyó la disponibilidad de propiedades para alquiler convencional. La ley de la oferta y la demanda entró en acción; los precios se dispararon. Los inquilinos tradicionales se vieron obligados a trasladarse a la periferia de las ciudades. Pero la reacción de los condóminos a la falta de seguridad y privacidad ha dado lugar a leyes que dificultan o prohíben los alquileres a corto plazo.

 

Rodrigo Verneck de Cupola, en un informe de marketing, dice que Airbnb está pasando por dificultades y está buscando alternativas. Brian Chesby, CEO de Airbnb, reveló que la empresa está al borde de la insolvencia. Por eso planea empezar a operar con alquileres convencionales a largo plazo ya para el 2024. Pero la organización no tiene experiencia en alquileres, y mucho menos en resolver sus innumerables conflictos. Lo que sí sabe hacer es poner de acuerdo a las partes. Luchar contra la amenaza es el nuevo reto de las empresas tradicionales.

 

João Teodoro da Silva

Presidente – Sistema Cofeci-Creci – 07/OCT/2023